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Cronica

via @SkSksjacky

Lo que #Pobrezafilia significa para México

Fotos de mujeres pobres, morenas, desnudas en posiciones sexualmente sugestivas están inundando las redes sociales en México.

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La mujer en la foto tiene cabello largo y abundante, pintado de rubio. Está mojado y chino hacia las puntas que caen sobre su espalda. Sus rodillas están ligeramente inclinadas una hacia la otra, y ella se agacha sobre una litera con un marco de metal. En los colchones se encuentran montones de ropa, sábanas y juguetes. El flash de la cámara la ilumina en la espalda; el cemento del cuarto y las paredes de yeso se mantienen en las sombras.

Está desnuda y es joven, probablemente 19 o 20. Puede que sea una amiga tomando la foto, un amante o un familiar. Por el desorden que se nota en la habitación, mucha gente vive en esa casa. Tal vez viva con su madre, o su hija, o ambas. Pero la crudeza de la foto me hace difícil imaginarla en cualquier situación doméstica. 

Este retrato lascivo abarca la pantalla completa de mi iPhone. Como muchos otros en este vagón del metro en la Ciudad de México, checo Twitter y mi dedo índice escanea su foto y otras cientos similares. Twitter y Facebook en México están llenos de estas imágenes, y todas están marcadas con el mismo hashtag: #pobrezafilia (no seguro para el trabajo).

 

Los hashtags acumulan un poder considerable en la sociedad Mexicana. #Ayotzinapa43, #YoSoy132 y #justiciaparalxscinco son sólo algunas de las campañas en internet que han propiciado movimientos políticos trascendentes a lo largo del país, capturando la atención sobre la situación de los estudiantes desaparecidos en Guerrero, las demandas sobre los sesgos en las elecciones presidenciales del 2012, y los asesinatos de Rubén Espinosa y otras cuatro mujeres en su apartamento en la Ciudad de México, respectivamente. Además, a través de la malla de las redes sociales existe una gran cantidad de hashtags que exitosamente magnifican la discriminación hacia los Mexicanos pobres y de piel morena.

Pablo Majluf, periodista y profesor del Instituto de Tecnología de Monterrey, en un ensayo para CNN afirma que se están presentando muchos casos en México de lo que el llama “discriminación auto infligida“, que es instigada por las mismas personas a las que afecta. “La población indígena se discrimina entre ella, los mestizos discriminan a los indígenas y a otros mestizos”, escribe. Esta brutalidad interracial se ilumina por medio de los prismas de Facebook y Twitter.

A finales del 2014, por ejemplo, Facebook, Instagram y Twitter estallaban con memes burlándose de los Mexicanos indígenas agregando “tl”, un sufijo común en la lengua

Náhuatl, a frases en inglés y español. Aunque su popularidad ha disminuido ligeramente, estos memes usualmente muestran fotos de indígenas con un rostro serio y con vestimentas tradicionales, portando leyendas como #jajatl, #yolotl (con el mismo significado del inglés: “sólo vives una vez”, y #losertl. En Diciembre, el CONAPRED (Consejo Nacional para la Prevenir la Discriminación) publicó una declaración condenando ésta tendencia, lo que sólo provocó una oleada de reacciones desdeñosas. Aún hoy, hay cientos de tags #tl publicados y compartidos semanalmente en Instagram, Facebook y Twitter.

La moda #tl en un México con una fuerte inclinación hacia los memes y los hashtags es una reflexión evidente de su obsesión con el internet. En el 2013, la Asociación Mexicana de la Industria de Tecnologías de Información determinó que el 90% de los usuarios Mexicanos de internet tienen cuentas en redes sociales. Pero más que cualquier otro estudio, las mini pantallas parpadeando los feeds de noticias y mensajes alrededor mío en el metro evidencian la fascinación de este país con las redes sociales.

El sonido de “pobreza” y “filia” (amor por-) agrupadas podría ser casi poético, si la palabra no significara una afinidad sexual por las mujeres pobres y jóvenes.
 

En México, el internet es accesible y barato, principalmente monopolizado y controlado por Carlos Slim, ha amplificado la popularidad de las redes sociales. Un plan de datos para celular con Facebook y Twitter ilimitados cuesta alrededor de 200 pesos ($12) al mes.

Este internet al alcance de las masas ha producido una cultura de fotos compartidas en el ciberespacio. Lo que he notado en mi vida aquí es una cultura que supera a la Americana en su obsesión con los selfies. Aquí, la vanidad y la necesidad desesperada de validación son consideradas prácticamente como segunda naturaleza—en una sociedad donde los hombres son presentados como tiranos adorables y las mujeres diseñadas a ser peones que los adoran.

En un video del 2014 para la canción “Tómate una Foto” por el artista de reggaetón Maximus, una mujer se prepara para la cámara y le envía al cantante selfies subidas de tono con su teléfono. En el video del 2011 del hit Norteño “El Tierno se Fue” de Calibre 50, el cantante Edén Muñoz graba a una mujer desvistiéndose mientras el canturrea “ y me digas que ya, que te duele hasta el alma y no puedes más, mientras grabo un video así, con mi celular…”

 

via @clarimondos

La convergencia de fotos seductoras de celular y los hashtags para compartir y buscar información han propiciado el incremento de una pornografía explotadora y abusiva. #Pobrezafilia, #putipobre, #misseria, y #TanRicaYTanPobre infiltran los feeds de Twitter al minuto, facilitando un movimiento de pornografía generalizada. Las palabras son ligadas a fotos de mujeres Mexicanas y Centroamericanas recostadas seductoramente en colchones andrajosos o posando en frente de lavaderos de concreto. Estas jóvenes mujeres, desnudas o portando ropa muy provocativa, rondan rampantemente por Twitter y Facebook por uno o dos días, hasta que se suben nuevas fotos y las del día anterior son olvidadas.

El sonido de “pobreza” y “filia” (amor por-) agrupadas podría ser casi poético, si la palabra no significara una afinidad sexual por las mujeres pobres y jóvenes.

Las fotos de #Pobrezafilia parecen adherirse a criterios específicos. Las mujeres comúnmente sólo portan una tanga o un jersey de futbol. El entorno suele ser cuartos sucios, alumbrados con luz fluorescente: cocinas desordenadas, un cuarto caracterizado por sus sábanas desaliñadas, o sin muebles, sólo paredes de tabique y concreto. Las mujeres miran fríamente a la cámara, o tal vez con una sonrisa tímida. Los retratos son excesivamente íntimos, exponiendo no sólo el cuerpo de las mujeres sino también la complejidad de sus hogares. Las fotos son un turismo virtual por los barrios, como dice la Dra. Alethia Fernández de la Reguera, profesora de estudios de género en la Universidad Nacional Autónoma de México. “Estos son casi siempre hogares de un solo cuarto”, me dijo tomando un café en el campus de la UNAM, “cuartos donde ocurre todo de la vida de una persona”.

De manera más crítica, Fernández de la Reguera cree que #pobrezafilia es un símbolo directo de la discriminación en México hacia las mujeres pobres y jóvenes. “#Pobrezafilia es un ejemplo del dominante versus el dominado. Es naturalizar la violencia en contra de las mujeres”, dijo.

Las redes sociales han normalizado la objetivación de las mujeres en la cultura Mexicana, concuerda Paola Ricaurte Quijano, una profesora de investigación que se especializa en políticas de internet y ciber-activismo en el Instituto de Tecnología de Monterrey, en el departamento de Estudios Culturales. “El abuso de género está profundamente engendrado en Twitter”, dice.

Para la mayoría, las identidades de los fotógrafos y sus sujetos son desconocidas. Aún así, tal vez es el elemento de anonimidad que les da impulso a estos hashtags en las esferas de las redes sociales. Contacté a diferentes cuentas de Twitter y Facebook que posteaban retratos #pobrezafilia. Algunos respondieron inicialmente, pero ninguno estuvo interesado en ser entrevistado.

Los hashtag hacen eco de una forma silenciosa y misteriosa de pornografía de venganza. Una cuenta de Twitter de una mujer Mexicana llamada Karla Jiménez fue recientemente inundada con fotos desnudas llevando el hashtag #pobrezafilia y el número de Jiménez. Cuando le mandé un mensaje para preguntarle al respecto, me escribió “Alguien malo está publicando mi número y mis fotos”. No me respondió más preguntas. Su cuenta fue borrada recientemente.

En Julio, Miguel Ángel González Trujillo, director general de una revista progresista de internet llamada IZQ, escribió una editorial abierta criticando #pobrezafilia, con el argumento que hashtags que marginalizan a ciertos sectores de la sociedad deben ser monitoreados. El artículo tomó vuelo siendo compartido más de 23,000 veces en Facebook. Una semana después, CONAPRED re-posteó el artículo de IZQ en su blog y la recepción se dividió. Cientos de mexicanos, especialmente mujeres, denunciaron en Twitter y Facebook la publicación de CONAPRED.

No sabemos quiénes son estas mujeres , el por qué de su colaboración en las fotos, o si accedieron a que fueran compartidas con el mundo.

Los tweets de estas mujeres eran ataques verbales groseros dirigidos no sólo a las mujeres en las fotos de #pobrezafilia, sino también a aquéllas que las conocían personalmente. Estaban explícitamente promoviendo el hashtag.

El leer los comentarios no me perturbó demasiado. Mi experiencia de la rivalidad entre mujeres en México me recuerda sobrecogedoramente a las disputas entre niñas en mi escuela primaria. “Tal vez algunas mujeres usan #pobrezafilia en contra de otras mujeres para establecer su estatus social. Es una práctica de discriminación el referirse a otras mujeres que son más pobres o tienen la piel morena” dice Fernández de la Reguera. “Marcar las fotos de otras mujeres como #pobrezafilia le demuestra a todos que ellas están en un nivel más alto en la sociedad”.

La publicación de CONAPRED estaba dirigida a ser un anuncio de servicio público sobre la discriminación en internet, pero la respuesta del público causó que la popularidad de #pobrezafilia alcanzara niveles muy altos. Según Juan Hernández, quien escribió un articulo de seguimiento al original de IZQ, “#Pobrezafilia fue un fenómeno conocido sólo por un sector pequeño de la población que se hizo viral y alcanzó a un gran número de personas gracias a la publicación del texto en las redes sociales de CONAPRED”.

Contacté a oficiales de CONAPRED un par de veces para discutir el incidente pero en ambas ocasiones me dijeron que estaban demasiado ocupados.

 

via @compartoesposa

La mayor parte de las cuentas de Twitter publicando fotos en #pobrezafilia parecen ser de hombres. Aparte de sus apodos y sus nombres, no hay más información sobre ellos o sobre las mujeres en las fotos. Esta anonimidad es lo que hace a #pobrezafilia interesante y escalofriante. No sabemos quiénes son estas mujeres , el por qué de su colaboración en las fotos, o si accedieron a que fueran compartidas con el mundo. Podrían ser trabajadoras sexuales, o pudieron haber sido forzadas, podrían ser mujeres tomando parte en una sesión de fotos sensuales para un amigo o pareja, o tal vez las tomaron para su disfrute personal. Cualquiera que sea el motivo, lo cierto es que para ser una contendiente en #pobrezafilia, el sujeto debe ser mujer, joven, y casi siempre delgada y morena.

“Esto se desenvuelve de manera similar al fenómeno de los hombres blancos que viajan a lugares por el turismo sexual (como Tailandia) para tener sexo con lo que ellos consideran mujeres exóticas, por ser pobres, jóvenes y de un tono de piel distinto al suyo. #Pobrezafilia demuestra este fetiche,” dice Fernández de la Reguera. “En el caso de México, los hombres sienten que pueden ejercer más poder sobre estas mujeres porque son pobres y jóvenes”.

Lo opuesto es verdad—y alimenta la moda de #pobrezafilia en un ciclo desagradable. En México así como las mujeres morenas y pobres se vuelven fetiche, los hombres jóvenes y blancos son ridiculizados pero también ensalzados usando el hashtag #mirrey, el opuesto hermano Mexicano de #pobrezafilia.

#Mirrey, que es la contracción de “mi rey” y que a veces se escribe “mirrrey” para exagerar la r, es una etiqueta asignada a fotos de los hijos de las clases ricas de México. El #mirrey usa camisas frescas, blancas, planchadas, alzándose el cuello, con el codo dirigido a su pecho exponiendo su reloj caro y lujoso. Está en un yate, en un jet, en un campo de golf, o en un antro con #lobukis en sus brazos.

Cada año, los estudiantes del Instituto Cumbres, una escuela privada de elite Católica y sólo para varones en la Ciudad de México, mantienen su estereotipo de vida produciendo un video corto de alta calidad celebrando la clase de mirreyes que se gradúa.

En el video del 2015, mujeres jóvenes (en realidad, modelos), toman su turno haciendo casting para un panel de estudiantes del Cumbres, para ser su pareja en la fiesta de graduación. Les muestran sus muecas más seductoras y exagerados movimientos de cadera mientras que los chicos bostezan o las descartan. Este año el video del Cumbres llamó más la atención e incitó mayor controversia que cualquier otro año. Impactó a muchos porque el video era una representación cruda de cómo las mujeres (no solo las jóvenes y bellas) son tratadas por los hombres en México.

Los #mirreyes son jóvenes y se preparan para ser los siguientes líderes corporativos y políticos futuros en México. Contando con el mundo digital en sus manos, son alabados cuando tweetean o hacen una publicación sobre una foto de #pobrezafilia.

“El #mirrey es quien explota a #pobrezafilia” dice Fernández de la Reguera.

En forma opuesta a las mujeres de #pobrezafilia, sabemos quiénes son los mirreyes; sus excesos deslumbrantes han sido bien documentados. Durante el Mundial del 2014, Jorge Alberto López Amores, hijo del entonces ministro de justicia estatal de Chiapas, celebraba en un yate en la costa de Brasil. “Voy a hacer historia. Voy a parar este barco,” gritó antes de lanzarse desde el quinceavo piso del yate hacia su muerte. En Julio del 2012, Luis Armando Reynoso López, hijo del anterior gobernador del estado de Aguascalientes, decidió celebrar su cumpleaños número 26 organizando una fiesta extravagante y masiva en la cual le pagó a un niño de 9 años casi 6 mil dólares para que fuera DJ.

En México, el 45% de la población vive en la pobreza. El comportamiento ostentoso de estos jóvenes ricos asombra- y fascina- a gran parte del país. La página de Facebook “Mirrreybook” tiene más de 87,000 likes. En Instagram, hay casi 29,000 fotos etiquetadas como #mirrey.

En un país con tan profunda disparidad económica y educacional, el número seguramente seguirá en aumento. Sin embargo, el asunto es que estos hombres a diferencia de las mujeres de #pobrezafilia resultan sólo del blanco de burlas y bromas pero no de explotación.

En los metros de todo el mundo, la gente pasa el tiempo mirando sus teléfonos. Yo también permito que los memes, tweets y fotos me distraigan mientras espero mi parada. Lo que aparece en nuestros feeds de noticias son imágenes del mundo que nos rodea. Emblemas de los oprimidos siendo humillados por los privilegiados o por ellos mismos.